Texto y fotos de Sebastian Abeliuk

A los pocos minutos de haber aterrizado en el aeródromo Pichoy de Valdivia, comienza a sentirse fuerte el aroma a lo que llaman “la magia del sur”. Allí se es testigo de vastos fundos con vacas, caballos y ovejas que pastan a lo largo del camino. El viaje es en dirección a Futrono a través de la localidad de Máfil, conectando pronto con la ruta T-551 que bordea la ribera norte del imponente lago Ranco, el tercero más grande del país después del General Carrera y el Llanquihue.

La magia del sur

Aquello que llaman “la magia del sur”.

En ruta vamos junto a Turismo Karulafken con el apoyo logístico de Sernatur Los Ríos. A bordo de la camioneta hay risas, hay conversaciones sobre algunas cumbres aledañas y sobre la gastronomía local mapuche. De lagunas escondidas y de las ganas de conocer más en profundidad el cercano complejo volcánico Cordón Caulle. De pronto un enorme cartel por sobre la carretera anuncia la proximidad con el destino turístico Cuenca del Lago Ranco.

A tan sólo un kilómetro antes de llegar al pueblo de Futrono se recomienda una primera parada en un hermoso mirador, el cual permite gozar de las primeras vistas al lago y alguno de sus islotes. El lugar tiene un cómodo estacionamiento y llama la atención una estructura de roca con un techo de madera que otorga sombra.

Tras continuar por la carretera, el paisaje regala una privilegiada vista hacia un sector montañoso a mano izquierda con laderas escarpadas y espeso bosque hasta alcanzar el pequeño poblado de Llifén, donde es recomendable desviarse hacia el oriente a través de la ruta T-559, la cual permite adentrarse en un sector de verdes prados junto al río Calcurrupe. En el kilómetro 13 se llega al Centro Campestre Mavidahue, donde es posible disfrutar de un primer almuerzo en un restaurante de estilo rústico y una tarde con aroma y sabor a campo.

Mavidahue, el sabor del campo chileno

Turismo rural y actividad agroganadera

El centro se encuentra inmerso en el fundo Cuimilahue, y es un lugar de 700 hectáreas único en la región de Los Ríos para vivenciar el turismo rural y la actividad agroganadera.

El dueño es Orlando Vázquez Díaz, quien está a cargo de hermosear, preservar y sostener este espacio natural que ha sido heredado a lo largo de cuatro generaciones. El centro se encuentra inmerso en el fundo Cuimilahue, y es un lugar de 700 hectáreas único en la región de Los Ríos para vivenciar el turismo rural y la actividad agroganadera.

Aquí prevalece la ganadería. Hace 20 años quisieron diversificar su oferta, por lo que la familia decidió expandirse hacia el agroturismo.  Según cuenta el dueño, “brindamos una experiencia de campo a la gente de la ciudad. Tenemos paseos a caballo, senderismo, y los invitamos a participar desde las 8.30 de la mañana cuando llegan los trabajadores. Apuntamos a grupos familiares de grandes ciudades, y el otro público objetivo son las empresas y el ámbito corporativo”. 

Mavidahue cuenta con buenas alternativas de alojamiento. Son en total cinco cabañas de madera completamente equipadas con living comedor, cocina americana y dos dormitorios. También se puede pernoctar en un pequeño departamento construido dentro de un contenedor, especialmente pensando en parejas ya que tiene cama matrimonial y una terraza con una tinaja de agua caliente totalmente privado.

Las cabañas tienen capacidad para treinta personas y el quincho para cincuenta. Se privilegia la tranquilidad, el descanso en medio de aire puro y verdes bosques. Este lugar tiene toda la actividad campestre en un mismo lugar. Y si no cuenta con restaurante, se puede coordinar servicio de comida con los clientes. Probablemente los niños sean los más felices con una visita, pues se ofrecen actividades tales como alimentación de aves, alimentación de terneros y ordeña de vacas.

El anochecer es gran momento para acercarse a comer a Küme Yeal, en Llifén, un restaurante de comida mapuche y tradición ancestral que está a cargo de la chef Margarita Leiva. Todos son productos orgánicos del huerto, con alternativas vegetarianas y veganas para quienes precisen de aquello. Cada plato es una experiencia, con tres platos en general a elección con plato de fondo, pancitos mapuches, salsas y un postre.

Los Saltos del Ranco

Naturaleza y caminatas

Un día cargado de naturaleza y caminatas.

A la mañana siguiente se viene por delante un día cargado de naturaleza y caminatas. El primer destino sin dudas debe ser el parque Saltos del Nilahue, y para llegar hay que tomar la ruta T-85 hasta el kilómetro 32, doscientos metros antes del puente Nilahue.

Parque Saltos del Nilahue ofrece tres senderos de baja dificultad, los cuales se pueden recorrer en aproximadamente 45 minutos. El más transitado es el sendero Cuncumen, que tiene una distancia de caminata de 800 metros en donde podemos apreciar muy de cerca el esplendor de la Selva Valdiviana.

El parque es frecuentado por aficionados a la pesca con mosca, senderistas que buscan relajarse en medio de un entorno natural, y por aquellos que gozan con el birdwatching, debido a que este sitio es ideal para avistar algunas aves como el chucao y el martín pescador. Al alcanzar la cascada en un espacio abierto y rocoso, se descubren dos hermosas caídas de agua, siendo la más grande la que más llama la atención debido a la potencia de la corriente que cae desde 25 metros de altura.

Para los amantes de la pesca con mosca la recomendación es seguir el sendero Pescador (150 metros), siendo la tercera alternativa el sendero del Remo (100 metros), que cuenta con un mirador y es la mejor opción para aquellos que no desean o no pueden caminar mucho.

De regreso en la recepción, se puede tomar un camino hacia un columpio que está en lo alto de un mirador y justo en frente de una profunda quebrada donde se ve de fondo el salto de agua. La seguridad para quienes deciden columpiarse es algo fundamental, y por ello la estructura es firme y cuenta con un arnés de seguridad.

En el sector de Riñinahue se encuentra el salto Ranquil en lo que es un parque tiene un recorrido de aproximadamente 15 minutos de baja dificultad. Cuenta con 5 miradores, siendo uno de ellos privilegiado en vistas hacia el cerro Mayo. Además, el lugar cuenta con una estructura en forma de corazón, ideal para fotografiarse si se viaja en pareja.

El broche de oro: un atardecer desde un mirador

Lago Ranco

Cuando atardece, el sol y las nubes sobre el cielo maquillan al lago Ranco de bellos colores.

En la costa al sur del lago Ranco, el parque Ilihue es un proyecto que nace en 2009 de la mano de su dueño, Gabriel Rojas, con la idea de implementar el servicio de alojamiento en cabañas y un restaurante de comida casera. Pronto se comienza allí un inminente proceso de crecimiento y sus dueños deciden instalar tinajas de agua caliente y sauna. Hoy se prevé que pronto seguirán implementando nuevos servicios: en el borde de los cerros se van a construir terrazas para sitios de camping, todos ellos separados para otorgar un grado de privacidad.

Hoy Ilihue es un agradable espacio natural para desconectarse y vivir la vida de campo en familia. Para ello ofrecen participar de la crianza de animales, recorrer senderos de trekking en medio de bosques de ulmo, raulí y coihues, además de la posibilidad de practicar paintball y canopy. Para los que buscan celebrar matrimonios también hay atractivas alternativas, ya que el lugar posee un amplio salón de eventos, el cual se puede ampliar hacia el exterior.

Cuando atardece y el sol y las nubes sobre el cielo maquillan al lago Ranco de bellos colores, es un momento del día fantástico para ir al parque Panorámico, un imperdible en la cuenca para aquellos que gustan del senderismo y de admirar puestas de sol únicas en el mundo. El lugar cuenta con cinco miradores con vistas sublimes al lago, dos muelles que nos recuerdan a aquellos de la isla de Chiloé, cuatro columpios y algunas vistas al Cordón Caulle.

Su sendero -de dificultad baja- tarda aproximadamente una hora en completarse, más el tiempo que uno desea permanecer en la cima mientras se pone el sol. Para quienes deseen visitarlo, el parque está abierto todos los días y permite el ingreso entre las 9.30 y las 6.30. Es la despedida perfecta que entrega el Ranco durante una visita, dejando la sensación de ser una verdadera joya en la región de Los Ríos y el guardián del campo chileno, donde se respira la magia del sur.