Por
Heidi Inostroza Rojas
Máster en Desarrollo Local y Cooperación Internacional,
Diplomada en Herramientas Digitales para el Turismo

 

 

 

 

El lema del Día Mundial del Turismo 2025, “Turismo y transformación sostenible”, no es simplemente una declaración institucional. Es un llamado urgente a repensar el turismo como una fuerza de cambio real en un continente que enfrenta desafíos ambientales, sociales y económicos cada vez más complejos.

En América Latina, donde la riqueza natural y cultural convive con profundas desigualdades territoriales, el turismo tiene el potencial de ser mucho más que una industria: puede convertirse en una herramienta de desarrollo humano, inclusión social y conservación. Pero para lograrlo, debemos avanzar hacia un modelo que no solo sea rentable, sino también ético, participativo y resiliente.

La sostenibilidad turística va más allá de prácticas ambientales. Implica una transformación profunda en la forma de diseñar experiencias, gestionar destinos y distribuir beneficios. Requiere liderazgo institucional, innovación tecnológica, planificación territorial y, sobre todo, participación activa de las comunidades. Es en ese vínculo con el territorio donde el turismo encuentra su sentido más humano y duradero.

En países como Chile, Colombia, México o Perú, esta transformación ya ha comenzado. Desde el fortalecimiento del turismo rural y comunitario, hasta la digitalización de la oferta en zonas históricamente rezagadas, se observan avances que merecen ser visibilizados y replicados. Sin embargo, persisten desafíos importantes: brechas en el capital humano, concentración de inversión en destinos tradicionales, y una articulación aún débil entre actores públicos y privados.

El turismo puede ser una herramienta poderosa para el desarrollo territorial, pero solo si se gestiona con visión estratégica y compromiso total. Este Día Mundial del Turismo es más que una efeméride: es una oportunidad para reafirmar que transformar el turismo es, en esencia, transformar nuestras sociedades.