Por
Antonio Faundes Merino
director de
Turismo Integral Noticias

 

 

 

 

 

 

La tragedia que enluta a las regiones de Ñuble y Biobío, en el centro sur de nuestro país, con una veintena de víctimas fatales y varios centenares de casas destruidas producto de devastadores incendios forestales, también ha afectado en forma grave a la actividad turística.

Como en Quillón, donde se desarrollaba el concurso Itata Wine Awards 2026, y se tuvo que evacuar la zona y suspender la premiación, según informó El Mostrador. También se postergó el 27° Concurso del Vino de Ránquil 2026, programado para el 24 de enero bajo el puente Ñipas. Y en la Región de La Araucanía, se suspendió la segunda jornada de la Fiesta de la Vendimia de Purén.

Quizás cuántas otras actividades han sido afectadas y cuántos pequeños productores vitivinícolas han perdido sus cosechas y, en algunos casos, infraestructura productiva. Ojalá los gremios del sector elaboren un catastro que dimensione la gravedad de esta tragedia, que también afecta a hosterías, cabañas y campings. Y los que no resultaron dañados tendrán que enfrentar la ausencia de visitantes, pues muchos turistas dejarán de ir a las zonas amagadas.

Los incendios forestales no ocurren por gestión espontánea, sino que, en el 99,7 por ciento de los casos, según los especialistas, se generan por la actividad humana, sea esta voluntaria, lo que implica una acción delictual, o producto de un descuido, un accidente o una falta de criterio al dejar, por ejemplo, fuegos mal apagados en lugares de riesgo o lanzar colillas de cigarrillos desde vehículos en marcha, etc.

Es por ello que se debe enfatizar también la responsabilidad que deben tener los viajeros, nacionales o de otros países, al visitar los destinos del país, ya sea en el litoral, valle central o sectores cordilleranos. No se trata de culparlos, sino de incentivarlos a extremar los cuidados, para evitar estas tragedias. Este año, son varios los turistas extranjeros que han sido expulsados del Parque Nacional Torres del Paine por conductas inadecuadas, como encender cocinillas o fumar, con alto riesgo de provocar incendios en esta área protegida que ya ha sufrido siniestros devastadores por motivos similares.

Pasada la tragedia y materializadas las ayudas a los afectados, habrá que preocuparse, asimismo, de recuperar el entorno natural dañado, lo que se llama “turismo regenerativo”, puesto que el paisaje es su principal valor. No es lo mismo visitar un hermoso valle verde, que un terreno calcinado por el fuego. Y eso implica inversiones y trabajo especializado de larga duración.

Los turistas, porque también lo soy cuando viajo, podemos y debemos dar el ejemplo de conductas responsables en los destinos que visitamos, tanto con el medio ambiente, con la naturaleza, como con los habitantes de dichas zonas y con sus emprendimientos, para ser así un factor positivo que apoye su desarrollo económico y social de un modo sostenible e inclusivo, especialmente tras estas tragedias que nadie desea ni espera.

(Columna publicada en LinkedIn el 20 de enero de 2016