Desde ARGELIA, Marcelo Moraga, enviado especial
Como si siguiéramos el curso del sol al atardecer, tras una intensa jornada en Argel, la aerolínea nacional Air Algérie nos eleva rumbo al oeste para aterrizar en Orán, en un cómodo vuelo de apenas una hora desde la capital.
Ya en tierra firme, en los buses de ONAT Algeria nos trasladamos hacia el corazón de la ciudad para alojarnos en el legendario Grand Hôtel d’Oran.
Inaugurado en 1920 durante la época colonial francesa, este icónico establecimiento consolidó su fama gracias a su arquitectura elegante, una gastronomía excelsa y unos salones señoriales que sirvieron de punto de encuentro para las grandes personalidades de la época.
La ubicación del hotel es sencillamente privilegiada: se erige junto a la Oficina Central de Correos de Orán, un edificio de imponente belleza monumental que custodia un capítulo trascendental en la historia de la independencia del país.
Fue aquí donde, en el célebre asalto de 1949, un grupo de jóvenes nacionalistas argelinos perpetró un audaz y estratégico golpe al recinto.
El millonario botín recuperado no fue fortuito; se destinó íntegramente a financiar la compra de las armas que encenderían, pocos años después, en 1954, la Guerra de Liberación Nacional contra el dominio francés.
Así, entre el confort del presente y los ecos de la revolución, Orán nos da la bienvenida.
Tlemcen: la fascinante “Perla del Magreb”
Tras disfrutar de una increíble cena buffet y un merecido descanso en nuestro hotel de Orán, iniciamos la mañana de nuestro tercer día en Argelia rumbo al interior montañoso.
Un trayecto en autobús de aproximadamente dos horas nos condujo hasta Tlemcen, una urbe que cautiva de inmediato por su fisonomía puramente morisca y andalusí.
Conocida legítimamente como la “Perla del Magreb” (y apodada a menudo la “Granada africana”), Tlemcen presume de una incomparable riqueza arquitectónica y un pasado glorioso como capital imperial.
Su profunda identidad andalusí la diferencia de cualquier otra ciudad de la región; fue aquí donde encontraron refugio miles de musulmanes y judíos expulsados de Al-Ándalus durante la Reconquista en la península ibérica, un éxodo histórico que llegó en dos grandes oleadas: tras la caída de Granada en 1492 y con la expulsión definitiva de los moriscos entre 1609 y 1614.
Nuestra inmersión en esta joya argelina comenzó con un inolvidable gesto de hospitalidad.
Fuimos recibidos en el hermoso palacio consistorial de la Gobernación por las autoridades locales, lideradas por el gobernador Youcef Bechlaoui.
Entre sorbos de un reconfortante té argelino tradicional, compartimos una charla donde se ensalzó el inmenso potencial del patrimonio natural y cultural de la provincia para el turismo internacional.
Tlemcen es, en esencia, ese mosaico milenario donde se funden de manera perfecta las tradiciones islámicas, otomanas y las raíces de la península ibérica.
Las Cuevas de Beni Add: un viaje a las entrañas de la Tierra
Al explorar las inmediaciones de Tlemcen, la carretera comienza a serpentear entre las montañas.
El aire se vuelve notablemente más fresco y el paisaje nos sorprende al revelar una Argelia verde, custodiada por frondosos árboles y profundas quebradas.
Tras ascender a 1.100 metros sobre el nivel del mar, en la localidad de Aïn Fezza, se abre el acceso a las Cuevas de Beni Add, una obra maestra de la geología subterránea y uno de los mayores tesoros naturales del norte de África, que mantiene una reconfortante temperatura de 13 °C durante todo el año.
Con una antigüedad estimada en más de 150 millones de años, esta maravilla se despliega a unos 57 metros bajo la superficie.
Actualmente, el recinto cuenta con una extensión de 700 metros perfectamente iluminados y acondicionados para el turismo, donde focos de colores resaltan las caprichosas e imponentes formaciones de estalactitas y estalagmitas.
Pero Beni Add no solo guarda secretos geológicos, sino también los ecos de la historia moderna.
Debido a que sus galerías originales se extendían por kilómetros dentro de la montaña, durante la Guerra de Independencia de Argelia contra Francia (1954-1962) los combatientes argelinos las utilizaron como refugio secreto, hospital de campaña y ruta estratégica para el suministro de armas.

Para los viajeros independientes es altamente recomendable contratar los servicios de los guías locales para visitar las Cuevas de Beni Add en Tlemcen.
Para frenar el uso de estos túneles que conectaban con la frontera marroquí, el ejército francés inyectó toneladas de hormigón en las profundidades de las galerías en 1957. Este acto selló para siempre los pasajes más remotos, delimitando la cueva al tamaño que hoy se puede visitar.
Tip viajero: Aunque las cuevas son fascinantes, actualmente el lugar carece de paneles explicativos o material interpretativo en su interior. Para los viajeros independientes que no quieren perderse los asombrosos detalles geológicos e históricos de este monumento natural, es altamente recomendable contratar los servicios de los guías locales en la entrada, quienes complementan la caminata con relatos imprescindibles que hacen brillar aún más la experiencia.
Cascadas de El Ourit: el oasis inesperado de Tlemcen
De regreso a Tlemcen, descendiendo por un relieve de imponentes acantilados envueltos en frescor y frondosa vegetación, uno olvida por completo el prejuicio de que Argelia es solo desierto y paisajes áridos.
Una parada estratégica en la ruta nos sorprende con las cascadas de El Ourit —cuyo nombre evoca «El Abismo»—, un espectáculo donde las aguas cristalinas fluyen rodeadas de una exuberante naturaleza nativa.
El paisaje está coronado, de forma casi surrealista, por un viaducto ferroviario diseñado a finales del siglo XIX en los prestigiosos talleres de Gustave Eiffel. Aquí, el agua no cae en un solo abismo, sino que se desliza a través de siete niveles y terrazas naturales escalonadas que salvan el desnivel montañoso. Este entorno idílico se ha convertido en el imán de una encantadora oferta local de alojamientos y restaurantes, ideales para detener el tiempo, disfrutar de la gastronomía regional y dejarse arrullar por el sonido del agua.
Gran Mezquita de Tlemcen
Tlemcen, profundamente vinculada al misticismo islámico y al sufismo, representa el alma espiritual, cultural e identitaria de Argelia. Consolidada históricamente como la «capital espiritual» del Magreb, la ciudad custodia algunas de las joyas más deslumbrantes de la arquitectura islámica norteafricana.
Nuestra ruta comienza en el corazón de la medina, cruzando el umbral de la Gran Mezquita de Tlemcen.
Al entrar a su patio, el bullicio de la ciudad se disipa por completo. Este espacio, con casi mil años de historia, destaca por sus majestuosos arcos polilobulados y el intrincado trabajo de estuco que adorna la sala de oración. Allí, la luz se filtra suavemente a través de su famosa lámpara de bronce calada, iluminando el mihrab, el bellísimo nicho ornamental que orienta a los fieles en sus rezos hacia La Meca.
Mezquita de El-Eubad, Mausoleo de Sidi Boumedienne y madrasa
A sólo dos kilómetros al sureste del centro urbano, en la evocadora villa de El-Eubad -cuyo nombre significa significativamente «Los Adoradores»-, el viaje espiritual cobra aún más fuerza. En este enclave pudimos conocer un conjunto monumental único en el Norte de África, donde la arquitectura y el arte hispanomusulmán se fusionan en un abrazo perfecto.
Este famoso complejo monumental debe su nombre a Sidi Boumediene, el gran maestro sufí y santo patrono de Tlemcen. El lugar es un tesoro de la arquitectura morisca que impresiona con su icónico minarete y la Mezquita de El-Eubad, erigida en el año 1339 bajo el mandato del sultán meriní Abu al-Hassan.
A su lado reposa la histórica madrasa, construida en 1347 como escuela teológica, ricamente decorada con mosaicos tradicionales, suelos de cerámica y una imponente cúpula revestida de madera que invita a contemplar el misticismo del pasado.
Almuerzo con bailes y música argelina en Tlemcen
Al llegar a nuestro almuerzo tradicional argelino en el Hotel Les Zianides de Tlemcen, vivimos una de esas experiencias memorables para compartir en notas, reels de redes sociales, entrevistas, fotos y audios. Al bajar de los buses nos recibió un grupo de alegres bailarines y músicos locales que realmente nos transportaron por los siglos de historia de la «Perla del Magreb».
El nombre del hotel rinde homenaje directo a la dinastía Zayyanida (o Zianides), los gobernantes bereberes que convirtieron a Tlemcen en su capital e impulsaron su época dorada entre los siglos XIII y XVI.
El lugar elegido para esta recepción es el hotel más emblemático de Tlemcen. Diseñado por el arquitecto francés Fernand Pouillon durante los años 70 del siglo pasado, destaca por fusionar la arquitectura hotelera moderna con la estética tradicional de Argelia, a través de fachadas monumentales, un vestíbulo con fuentes internas y patios de estilo andalusí.
Como el Hotel Les Zianides se encuentra a unos 10 minutos caminando de la Gran Mezquita de Tlemcen —construida en el año 1082— y del histórico Palacio El Mechouar, nos sirvió como el punto de partida ideal para la ruta patrimonial de la ciudad que continuamos esa misma tarde.
Palacio de El Mechouar
En pleno centro de Tlemcen nos dirigimos al Palacio de El Mechouar (o Palais El Mechouar), la antigua residencia oficial de los sultanes de la dinastía de los Zianides. Fue construido originalmente en el siglo XIII (año 1248) por el sultán Yaghmurasen Ibn Zyan. Su nombre proviene de la palabra árabe mushawara, que significa «lugar de consulta o deliberación«, ya que aquí se reunían los consejeros del sultán para tomar decisiones de gobierno en el reino.
Además de ser una fortaleza con mucha historia, sus muros de 14 metros de altura albergaron el cuartel del líder militar Emir Abdelkader durante las negociaciones del Tratado de Tafna (1837) frente a los franceses. En 1843, fue transformado en cuartel y hospital militar por las fuerzas de ocupación francesas.
Hoy destaca por ser una de las joyas de la arquitectura morisca y andalusí mejor restauradas de todo el norte de África. Conserva el minarete original de la antigua mezquita erigida en 1317, patios interiores con flores y plantas, y un patio central rodeado por una galería techada con columnas y fuentes de agua destinadas a la meditación y ceremonias religiosas.
Hay numerosos mosaicos tradicionales en sus pisos y paredes con complejos patrones geométricos de azulejos cortados a mano, además de arcos y techos interiores tallados en yeso, con estuco intrincado y caligrafía de estilo gótico-islámico.
Varias salas del palacio albergan exposiciones temporales de finos trajes históricos argelinos y artesanía regional.
Junto al palacio visitamos el Museo de Vestimenta Tradicional, que exhibe una excelente colección de trajes argelinos antiguos con una mezcla de diseños occidentales y orientales. Aquí pudimos conocer los ritos y artesanías vinculados a la tradición del traje nupcial de Tlemcén, inscritos por la Unesco el año 2012 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Las ceremonias nupciales de la región de Tlemcen comienzan en la casa de los padres de la novia. Allí, rodeada por sus amigas y por sus parientas casadas ya engalanadas para la boda, la novia se viste con un traje de seda dorada tejido a la usanza tradicional, entre otros ritos culturales.
Ruinas de Mansourah
Las ruinas del sitio de Mansoura con su minarete de 38 metros, construido en adobe, aún se mantiene en pie su cara frontal, testimonio de una época gloriosa.
La base del imponente minarete funcionaba también como la entrada principal tallada hacia el patio de la mezquita histórica, cuyas dimensiones originales medían 60 por 85 metros.
Estas impresionantes ruinas, que forman parte del patrimonio protegido dentro del Parque Nacional de Tlemcen, son los restos arqueológicos de un sitio histórico que representa uno de los ejemplos más importantes de la arquitectura militar de la dinastía mariní en el Magreb central. El sultán morisco Abu Yakub Yusuf fundó el asentamiento en el año 1299 como una fortaleza llamada al-Mahala al-Mansura («el campamento victorioso»), para ser base durante más de 7 años de un asedio a la vecina e impenetrable ciudad de Tlemcen
Tras el asesinato del sultán en 1307, la ciudad fue destruida parcialmente y abandonada, pero fue reconstruida en 1335 por su sucesor Abu al-Hassan para un nuevo asedio que esta vez sí tuvo éxito.
El sitio arqueológico comprende una extensión fortificada trapezoidal de unas 101 hectáreas. Originalmente, estos muros tenían 12 metros de altura, 1.5 metros de espesor y estaban flanqueados por 80 torres de vigilancia.
















