Todavía hay muchos chilenos que no han planificado sus vacaciones de verano o que, si bien las tenían organizadas, algún inconveniente de última hora los obligó a suspenderlas o a cambiar de planes.

Para ambos y para todos aquellos que buscan un sitio donde pasar unos días de descanso y desconectarse en el país, pero además sin recorrer largas distancias, el hotel campestre Colinas de Cuncumén puede resultar el sitio perfecto.

Ubicado a menos de una hora y media de Santiago, entre Melipilla y San Antonio y justo en el límite de la Región Metropolitana y la provincia de San Antonio, este hotel y spa suele recibir durante el año a grupos de empresas para seminarios, jornadas de reflexión y talleres de coaching, pero su completa infraestructura y atractivo entorno natural le permiten abrirse al turismo familiar, especialmente en fechas como las vacaciones.

Está emplazado en un entorno privilegiado, en suaves lomajes que han sido arborizados con bosques de eucaliptos y otras especies, además de una gran variedad de plantas nativas de la zona, y desde donde existen miradores que permiten hermosas vistas hacia el Valle Bajo, que se extiende hasta el río Maipo.

Bajo el concepto de hotel campestre, Colinas de Cuncumén brinda una infraestructura confortable y moderna, pero que permite al visitante conectarse con las tradiciones del Chile rural y, lo principal, desconectarse rápidamente de la ciudad y del estrés urbano.

Cuenta con el Spa del Bosque, un sector que rodeado de un bosque de eucaliptus emplazado en la parte alta de un cerro, posee dos piscinas, una abierta, grande e ideal para el verano, y otra temperada y techada, perfecta para las mañanas o tardes más frescas. Aquí, en un gran deck de madera se extienden diversos espacios, como las cabinas donde los pasajeros pueden disfrutar de una sesión de masajes, el sauna de roble, un hot tub con agua a 35ºC y una relajante tina de hidromasajes al aire libre.

Sabor local

La gastronomía tiene un papel protagónico. Al desayuno, los huéspedes son recibidos con pan amasado recién horneado; al aperitivo, de bienvenida o al atardecer, sopaipillas con pebre y empanaditas caseras abren el apetito.

El restaurante, grande y cómodo, en su carta tiene claros matices de la cocina chilena, pero también de la cucina de Italia, debido a los orígenes de los propietarios, un matrimonio chileno-italiano y a sus hijos de doble nacionalidad.

Aquí el huésped podrá experimentar sabores criollos como la carne al tazón, el pastel de choclo, la trucha de río y campo, el salmón al Trauco, un completo asado a las brasas o empanadas de pino caseras. De las especialidades italianas, destacan el pollo a la Florentina, los cannelloni con crema y espinaca, la lasaña, los ravioles cuatro estaciones, los cappelletti in brodo (con caldo) y, por supuesto, el infaltable tiramisú de postre.

En el hotel trabajan con el concepto de sustentabilidad, utilizando ingredientes y productos locales, insumos que se producen a pocos kilómetros de distancia y utilizando proveedores cercanos con técnicas de comercio justo. Así, el aceite oliva que se sirve viene del vecino valle de Leyda, toda la charcutería y encurtidos son elaborados por productores artesanales locales, los vinos son en gran parte de viña Chocalán o de los valles cercanos, las lechugas de Lo Abarca, los pescados y mariscos de San Antonio, los dulces de manjar casero, huevos frescos y quesos de fundos vecinos.

El hotel tiene 30 habitaciones de estilo colonial -con pisos rústicos y muros de barro-; y numerosos espacios para la diversión de grandes y chicos.  Un Club House con servicio de bar, sala de pool y sala con juegos comoping pong, taca taca y rana, además de cineteca, juegos de mesa y sala de lectura.

Un picadero permite a los visitantes -previa reserva- tener contacto con caballos muy dóciles, ya sea para aprender a montar, para realizar paseos o en eventos especiales para participar de una preciosa exhibición de baile ecuestre. Juegos infantiles al aire libre entretienen a los más chicos y diversos senderos de trekking para desconectarse de la rutina y conectarse con la naturaleza son parte de la atractiva oferta de Colinas de Cuncumén.

Para los que gustan salir a explorar los alrededores, hay atractivos de sobra: el hermoso humedal de El Yali; Parque Tricao, en Santo Domingo; el litoral de Los Poetas en la costa de Cartagena, Las Cruces e Isla Negra; visitas a diversas viñas de los valles vecinos -Lo Abarca, Leyda, Casablanca- que están abiertas al turismo; el poblado de Pomaire y sus artesanías en greda. Perfecto para disfrutar unos días de paz, pero también de diversión.

La historia

El cirujano dentista Ernesto Anaya y su mujer y colega Mirella Ottone, se enamoraron del terreno en el que está ubicado el hotel, hace más de 30 años y sin pensarlo mucho, lo compraron. Han pasado tres décadas y los cambios desde que vieron por primera vez estas colinas y el valle, han sido numerosos. Plantaron bosques y vegetación nativa, encontraron agua donde muchos decían que no había y crearon a pulso y ganas un sitio que hoy es visitado todo el año por chilenos y extranjeros que valoran el contacto con la naturaleza, el lujo de lo simple, los sabores y el relajo.

“Este es un hotel de cinco mil estrellas, las noches repletas de estrellas son realmente únicas”, dice su propietaria, Mirella Ottone. Y es que, al estar alejado de zonas pobladas, la contaminación lumínica en Colinas de Cuncumén prácticamente no existe y contemplar el cielo como en pocas partes se puede hacer, intenso, luminoso y mágico es un verdadero privilegio. Esos pequeños grandes placeres se viven en Cuncumén.

Hotel y Spa Colinas de Cuncumén
F: 22 235 92 06, www.cuncumen.cl
Reservas: [email protected]