La intervención cromática del domo industrial más grande del continente americano, desde Canadá hasta la Patagonia, que pertenece a Portuaria Corral, en el barrio Miraflores, en Valdivia, marca un hito en la integración entre arquitectura, paisaje y diseño.

Domo geodésico en Valdivia

La propuesta “Montes”, se basa en una paleta cromática cuatripartita inspirada directamente en el entorno natural: verde, en sintonía con la vegetación del islote Haverbeck, gris azulado, celeste y blanco, que evocan la atmósfera cambiante de los cielos valdivianos.

Ello, gracias al trabajo liderado por la académica de la Escuela de Diseño de la Facultad de Arquitectura y Artes de la Universidad Austral de Chile (UACh), Elisa Cordero Jahr, quien desarrolló una propuesta basada en el estudio riguroso del color, la percepción visual y la identidad territorial valdiviana.

El domo geodésico, cuyo inflado se completó a fines de marzo pasado, es del tipo air-supported, tecnología que utiliza aire a presión para cubrir grandes superficies sin necesidad de estructuras rígidas internas,  tiene más de 20.000 m² de superficie y aproximadamente 30 metros de altura.

Su objetivo industrial es cubrir la pila de acopio de astillas destinadas principalmente a mercados internacionales como Japón y China, protegiéndola de la lluvia, reduciendo, además, la dispersión de polvo y el ruido derivado de la operación portuaria, como parte del Plan de Sostenibilidad 2030 de la empresa portuaria y busca compatibilizar el desarrollo logístico con estándares ambientales más exigentes.

En tanto, el proyecto artístico no solo representó un desafío de escala técnica, sino también una apuesta por comprender el color como un lenguaje capaz de dialogar con el entorno natural

 A través de un proceso de observación sistemática del paisaje, análisis de la luz local y exploración de soluciones visuales, la académica logró transformar una gran infraestructura en un elemento que se integra armónicamente al ecosistema fluvial y urbano de la ciudad.

El color a escala territorial

Domo geodésico en Valdivia

El domo geodésico tiene más de 20.000 m² de superficie y aproximadamente 30 metros de altura, y gracias al trabajo artístico, se integra en forma amigable al paisaje natural valdiviano.

¿Cómo lograr que una estructura de gran magnitud conviva con el paisaje sin imponerse sobre él? Esa fue la pregunta que guio el trabajo de la profesora Cordero, quien realizó un exhaustivo levantamiento visual desde distintos puntos estratégicos de la ciudad, incluyendo mediciones y registros desde el Puente Cruces, el sector Torobayo y recorridos por el río en kayak.

Este relevamiento visual formó parte del proyecto Fondart Nacional “Los Ríos en Colores”, desarrollado por la académica el 2024, a través del cual obtuvo una serie de colores tomados directamente desde la naturaleza de la Región de Los Ríos.

Asimismo, este proceso permitió comprender las variaciones cromáticas del entorno en diferentes momentos del día y estaciones del año, considerando factores como la humedad ambiental, la luminosidad y la presencia constante del agua y la vegetación.

El resultado fue un enfoque de diseño que entiende el color no como un elemento decorativo, sino como una herramienta de integración paisajística y percepción visual.

“Montes”: propuesta inspirada en el paisaje valdiviano

Elisa Cordero Jahr

Académica de la USACH, Elisa Cordero Jahr.

Tras el desarrollo de bocetos a mano y simulaciones en tres dimensiones con medios digitales, se llegó a cinco propuestas que se presentaron a la comunidad, en un proceso participativo que permitió recoger percepciones ciudadanas sobre el impacto visual de la estructura.

La propuesta seleccionada, denominada “Montes”, se basa en una paleta cromática cuatripartita inspirada directamente en el entorno natural: verde, en sintonía con la vegetación del islote Haverbeck, gris azulado, celeste y blanco, que evocan la atmósfera cambiante de los cielos valdivianos.

La disposición de estos tonos genera un efecto de perspectiva aérea, logrando que el domo parezca elevarse o alejarse según el ángulo del observador, emulando la silueta de los montes a la distancia y disminuyendo su impacto visual en el paisaje.

Uno de los principales desafíos del proyecto fue trasladar muestras cromáticas a pequeña escala a una superficie de miles de metros cuadrados, considerando además la producción internacional de los materiales y la necesidad de asegurar coherencia visual en condiciones reales.

Sobre el resultado obtenido, la académica UACh Elisa Cordero Jahr indicó: “Fue un tremendo desafío trabajar con una estructura tan grande y de un material nuevo para mí. Tengo bastante experiencia en el diseño de color para arquitectura, tanto de fachadas como de interiores, pero este domo gigante superaba todo lo que había hecho hasta ahora. Y justamente fue eso lo que me atrajo del encargo, lo nuevo de crear un diálogo armónico entre una estructura de enormes dimensiones con el paisaje local, todo a través del color”.