Por Antonio Faundes Merino,
director de
Turismo Integral Noticias
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Este miércoles 15 de abril se celebrará, como todos los años desde 2009, el Día de la Cocina Chilena, establecido mediante decreto supremo por el Ministerio de Agricultura, con el fin de reconocer la historia gastronómica y la alimentación del pueblo chileno, además de poner en valor el patrimonio culinario nacional, sus ingredientes y tradiciones.
La riqueza de nuestra cocina se basa en la original conformación de nuestro territorio, con su norte árido, su cordillera imponente, sus valles centrales generosos, su extensa costa con su océano vivo, sus canales australes y la maravillosa Patagonia, que permiten tener a nuestro alcance una muy variada opción, tanto de productos del mar como agrícolas para dar rienda suelta a la creatividad culinaria, tanto popular como “gourmet”.
Solo el inmenso océano que nos baña nos surte de alimentación que, si se manejara de mejor forma la cadena productiva, desde su extracción hasta su venta en los mercados, ferias o restaurantes, permitiría a las familias chilenas una alimentación sana asegurada por siglos. Pero, lamentablemente, los productos del mar son aún, increíblemente, escasos y caros para la mayoría de los chilenos.
Criolla, tradicional, familiar, campesina o popular, son algunos de los adjetivos que permiten definir a la gastronomía que proviene de nuestros mares y campos y que nos ha acompañado desde nuestros primeros años.
Un aporte importante de la gastronomía criolla lo recibe el turismo, en cada plato de productos nacionales, ya sea del mar o del campo, de una “picada” o de un restaurante “top”, que los visitantes eligen durante su paso por nuestras ciudades y pueblos.
Es que, según datos de The Business Research Company, publicados en Forbes, el mercado global del turismo culinario alcanzó los 850.000 millones de euros en 2024 y crecerá hasta superar los 1,75 billones de euros en 2029, con un ritmo anual cercano al 16%. “Una cifra que habla de apetitos globales y de un fenómeno cultural más profundo que la moda pasajera”, concluye la revista.
Está claro que la gastronomía, como sector, aumenta el atractivo de los destinos y motiva viajes de mayor valor, fortalece la identidad de los territorios y la experiencia turística, genera empleo y dinamiza las economías locales y regionales, impulsa la creación de rutas, ferias y productos turísticos especializados, y promueve la profesionalización y la innovación.
Sin embargo, sin una potente estrategia nacional que respalde su desarrollo definitivo, será difícil que este panorama idílico se materialice en beneficios reales para los involucrados en todos los componentes del circuito gastronómico, desde productores y/o recolectores hasta los garzones que llevan el plato a la mesa.
Bastaría con echar una mirada a nuestros vecinos del Perú que han convertido a la gastronomía en su mejor carta de presentación. Y sacar lecciones…
(Foto temática: Chile es Tuyo)

