Por Heidi Inostroza Rojas
-Máster en Desarrollo Local y Cooperación Internacional,
-Diplomada en herramientas Digitales para el Turismo.

 

 

 

 

La recurrencia de los incendios forestales en la zona centro-sur de Chile ha dejado de ser una excepción para convertirse en una variable constante de nuestra realidad territorial. Ante este escenario, la industria turística nacional enfrenta un desafío que va más allá de la promoción o la reactivación económica inmediata: la integración definitiva de la Gestión del Riesgo de Desastres (GRD) en el corazón de la estrategia de destino.

Históricamente, el éxito de un territorio se ha medido por el número de llegadas, el gasto promedio o la ocupación hotelera. Sin embargo, en el contexto climático actual, estos indicadores son frágiles si no cuentan con un soporte de resiliencia. Un destino que no es capaz de proteger a su capital humano, su patrimonio natural y la seguridad de sus visitantes, simplemente no puede considerarse competitivo bajo los estándares internacionales actuales.

Hacia una Gobernanza de Resiliencia basándonos en modelos de Destinos Turísticos Inteligentes (DTI) y en el Marco de Sendai, la gestión del riesgo debe dejar de ser una respuesta reactiva de «emergencia» para transformarse en una política de planificación proactiva. Esto implica tres ejes fundamentales:

  1. Gobernanza Multinivel: La coordinación entre los gobiernos locales, los gremios de turismo y las instituciones de seguridad (CONAF, SENAPRED, otras) debe ser permanente y técnica, no solo activarse durante la crisis.
  2. Tecnología y Datos: El uso de herramientas de monitoreo, mapas de riesgo actualizados y sistemas de alerta temprana para el turista son hoy elementos básicos de la infraestructura turística moderna.
  3. Capital Humano y Educación :La formación de los prestadores de servicios en protocolos de evacuación y prevención es la mayor inversión que un destino puede hacer. El capital humano es la primera línea de defensa y el motor de la recuperación.

En cuanto al compromiso ético del sector, debemos ser enfáticos en rechazar prácticas como el «turismo de catástrofes». La ética del visitante y la responsabilidad del gestor deben alinearse para proteger la logística de emergencia. Un destino maduro es aquel que educa a su demanda y respeta los tiempos de su territorio.

La resiliencia no es solo la capacidad de volver a empezar, sino la capacidad de reconstruir mejor, con mayor inteligencia territorial. El futuro de Chile como potencia turística no depende solo de la belleza de sus paisajes, sino de la solidez y seguridad de sus destinos ante la adversidad.